“¿Padeces de encefalocea? ¿gonorrea? ¿espina esponjiforme? ¿Exceso de bifidus, “eleicaseimunitas” o de corticoles? ¿hipertiroidismo? ¿frontalismo? ¿síndrome de Duain? ¿síndrome de estocolmo? ¿síndrome de Rodríguez?¿síndrome pre o postavacacional? ¿glaucoma? ¿varices? ¿cataratas? ¿traumas infantiles? ¿has visto el Exorcista? ¿Tienes algún piercing? ¿tatuajes? ¿Cuándo te vino la ultima regla? ¿Cuánto te dura? ¿cada cuanto te viene? ¿cada 28, 30 días? ¿tus padres están sanos? ¿tienes hermanos? ¿Están sanos? ¿enfermedades hereditarias?....”
¡¡¡Y yo que se!!! Lo único que se es que ando con los pies más o menos bien en función del alcohol que lleve mi cuerpo ingerido. Que en función de lo mismo, con gafas veo mas o menos bien también. Y que no recuerdo haber ido al medico en los últimos 20 años, y por algo será. ¿¡¡¡y como coño iba a tener gonorrea si no he visto una polla en mi vida?!!! Y, ¿cómo voy a saber si mis hermanas están enfermas si no les veo el pelo y de lo último que hablamos es de que nos queden pocos días de vida? Y mis padres, hasta que no les vea en silla de ruedas con una sonda de esas, para mi no están enfermos.
Todo esto viene, mi querido lector, a que ayer fui a la Clínica Dexeus para hacerme una prueba citológica (buscalo en el diccionario), de todas las que me tengo que hacer, para poder empezar el tratamiento para donar óvulos. Menuda experiencia. No tubo desperdicio ninguno.
Primeramente, llegué veinte minutos tarde a causa del trafico.¡Caspitas*! Si es que eso esta en el centro de Barcelona, y la cita era a las 19:40h. ¿Qué se pensaban? Y para colmo no era donde me habían hecho la primera entrevista, sino unas cuantas (bastantes) porterías calle arriba. Aparte que llegue tarde, cansada, y estresada, iba con las peores pintas que puedo permitirme. Eso es debido a que aun no he desecho la maleta de mi viaje relámpago a Alicante, y me puse mis tejanos de batalla, mis bambas negras, el jersey del gimnasio, con la cara lavada, con las gafas de empollona y el pelo recogido en dos coletitas de colegiala. O sea, ¡menudas pintas para ir a una clínica privada! Con razón, las recepcionistas me trataron con la punta del pie. ¡¡Que asco que dan!! Como no iba con mi camisa Custo, mis zapatos de Pura Lopez, y perfumada hasta la yemas de Ralfh…. pues no merecía la misma atención que el resto de los pacientes de la clínica.
Para colmo la tía que me hizo el anterior cuestionario me hecho bulla por llegar tarde. A lo que pensé, y en mi cara se notaba, “¿y esta? ¿De que va? Es cierto que he llegado tarde, pero no me puede faltar el respeto. Y no pienso salir antes de mi trabajo, y por tanto cobrar menos, para ser puntual aquí, cuando al fin y al cabo te estoy haciendo un favor regalándote mi tiempo y mis ovarios. ¿de que? ¡¡’enga ya!!” Como diría mi hermana “¿¡Pero que meg stash contando, neng!?” La tía me avasalló con mil millones de preguntas de las cuales el 85’57% del vocabulario era científico y para nada lo entendía. Solo entiendo de lo que padezco. De las demás enfermedades habidas y por haber del mundo, he pensado ponerme al día con ellas cuando empiece la carrera de medicina, pero de momento solo entiendo de miopía y de astigmatismo. ¡que narices!
Luego vino el joven Doctor Astudillo. Sudamericano, muy dulce por tanto (cosa que es de agradecer en estas situaciones, y mas cuando has pasado antes por la Stra. Polígrafo) moreno, y con un tic en los ojos. Y tan normal me dice que me tiene que hacer una prueba citologica, para sacar muestras de mi vagina utlizando un separador y un algodoncito, y sin antes, ¿cómo no?, haber hecho un palpado de mis pechos. “Eh… este… ah! Claro ¿Y tiene que ser hoy? Es que estoy muy cansada del trabajo…” Uf!! Pero ¡¿que dije?! Eso sonó super cobarde. Si hasta hace poco pensaba que Clítoris era una ciudad de Grecia. Y ahora me iban a meter no se que para separarme no se qué cosita mia. Que locura. Pero por dentro me moría de la risa, no de vergüenza o de miedo, de la risa. Me descojonaba viva.
El Doctor me invita a entrar al baño mientras me dice que me desnude y me ponga una de las batitas abiertas que encontrare en el baño. Vale. Hasta ahí puedo. Me quito la ropa, todo menos los calcetines. (¡que mona ella! con los calcetines del mercadillo..) Busco la batita, y lo único que encuentro es una especie de papel trasparente con unos cordones en lo que parecía ser el cuello. 1º. ¿Para que me voy a poner eso si se me toda igual? 2º. Como he dicho no he pasado por mucho hospitales y de estos lo único que sé es lo que he visto en la tele. Me pongo la “bata” reliada no se como, (reíros si queréis pero luego me explicáis porqué) con la apertura por detrás, como si de una camisa de fuerza se tratara pero con el culito al aire. Cuando decidí salir con esas pintas del baño (de Guatemala a Guatepeor) del baño, no estaba muy convencida, y me encuentro de frente a la Enfermera Polígrafo y al Doctor Tic Tic, con cara de aguantarse la risa. Efectivamente me lo había puesto al revés. Pero antes de que lo hicieran ellos, lo hice yo. Y como una autista empecé hacer la payasa y a reírme sola a carcajada limpia, queriendo hacer partícipe de mi buen humor después de estar 12 horas trabajando, de una de atasco en el centro y de encontrarme desnuda ante dos extraños estirados, con estos mismos. Quise darles la nota de color al día, ¿no te j--e? Pero no me acompañaron para nada y quede como un tarada. Se quedaron serios y parados, ella con cara de frigida, y él haciendo tics. Mientras ocurrían estos tontos segundos, pensaba que no era tan grave hiciera lo que hiciera, que diciendo un chiste fácil y una sonrisa, ya estaba solucionado. Pero cuando vi que no recibía la respuesta esperada, como por ejemplo un poco de complicidad y simpatía, ¡una breve sonrisita aunque fuera! pensé en la típica: “tierra, por favor, trágame aunque estemos en un octavo”. Claro, como mis calcetines no eran de Kukumuxu y no olía a Ralfh si no a Nenuco… yo ni era graciosa ni simpática, solo una tonta mas que se iba a abrir de piernas que no supo ponerse un triste trozo de papel.
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